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viernes, 9 de junio de 2017

EL AMIGO DEL DESIERTO


Autor: Pablo d’Ors 



…los tuareg dicen que Dios creó algunas tierras con agua para que los hombres pudieran saciarse, y que también creó tierras sin agua para que los hombres pudieran experimentar la sed. En la sabiduría tuareg se dice de igual modo que Dios creó el desierto para que los hombres pudieran encontrarse consigo mismos (p. 45).

Pavel, el protagonista de la novela, vive en Kromeriz, en la República Checa. Un buen día, hojeando la contraportada de un libro, se entera de la existencia de un hombre que ha dedicado su vida al conocimiento de los desiertos. Y allí mismo toma nota de la asociación que creó: “Amigos del desierto”. Puesto en contacto con ellos se dirige a El Hoggar, el sitio donde se reúnen, en la frontera entre Austria y la República Checa. A raíz de ese encuentro conoce a los quiméricos socios de ella y parte, al poco, en un viaje conjunto con la asociación al Sahara. La fascinación extrema por los desiertos le llevará a verse totalmente volcado por esos parajes y volver en otras ocasiones y, a consecuencia de ello, su vida da un vuelco inesperado.

La narrativa, sencilla y fresca, nos mete de lleno en la trama al poco de su comienzo. La falta de detalles superfluos hace de ella un fluir rápido de acontecimientos. Pero lo que más me ha calado en este relato es la profunda carga filosófica y existencial que contiene al llegar a la mitad de su extensión. Perfectamente dosificada de reflejos filosóficos clásicos-el hombre para reconocerse ha de enfrentarse a la nada, al vacío, no a la totalidad (p. 75)-, de detalles poéticos –El viento del desierto guarda una inmensa colección de huellas humanas (p. 83)-, de párrafos existencialistas –piensa que sólo eres libre cuando al partir puedas llevar contigo todo lo tuyo (p. 102)-, en fin, de una perfecta y bella prosa por doquier.

El amigo del desierto es una novela itinerante, pero un camino de conociemiento dentro de uno mismo. Una novela que navega en los mares de Siddharta de Hermann Hesse o de Los ojos del hermano eterno de S. Zweig. Una novela -porque es una novela en su estructura- que nos lleva a ralentizar su lectura según vamos acercándonos al final de ella, a pensar en todo aquello que no está escrito. Y, al finalizarla, a dejar el libro en la mesa y, cerrando los ojos, caminar hacia ese desierto que nos atrapa mucho más allá de las páginas.

De igual modo imagino que tú, quienquiera que seas, harás lo mismo; pronto terminarás de leer y. acto seguido, cerrarás este libro, abrirás una ventana y -estoy seguro- sentirás que hay algo nuevo en el aire.

1 comentario:

  1. Los que estamos empezando el camino de lectura, nos apasionemos màs, al leer articulos como este.
    Muchas gracias por mostrar que la lectura es una verdadera experiencia de felicidad y vale la pena ocupar tiempo en ella.

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